miércoles, 19 de febrero de 2014

Cose que te cose

Así ando, pegadita a la máquina de coser para tener todo listo para el viernes, que me voy a Madrid a entregar una caja llena de banderines. Y no sabéis cuánto me fastidia tener que primar la productividad y hacerlo todo por fases, porque no podré enseñaros nada todavía. 




Pero pronto, muy pronto...


lunes, 17 de febrero de 2014

Una tela, una historia: Abel

Los lunes comparten algo con septiembre y enero, son buenos momentos para empezar o retomar algo. A las personas nos gusta explicar lo inexplicable y para que nuestras cabezas puedan asimilar el paso del tiempo necesitamos ciclos. Los lunes son el inicio de uno de los ciclos más asequibles que manejamos.
Así que, hoy lunes, aunque no sea un lunes de septiembre ni de enero, vuelvo a empezar a plasmar aquí las historias que las telas me cuentan al oído.









Abel es un soñador. Se considera poeta en todo lo que hace, aunque nunca haya escrito un verso. Pero dice que se puede imprimir poesía al caminar, haciendo el desayuno o incluso reponiendo estante en el almacén en el que trabaja.
Uno de sus pasatiempos favoritos para los días de relax es buscar un trozo de hierba en el que poder tumbarse, solo o en compañía, a mirar las nubes. A dibujarlas. O más bien, a dibujar las formas y paisajes que consigue entrever en las nubes.
Escribir poesía nunca se le ha dado bien, es verdad. Pero puede que tenga razón al considerarse poeta de los pinceles o de los cuadernos de dibujo, porque consigue copiar auténticas maravillas del cielo. 
En su casa sólo hay un par de esos dibujos, pero a lo largo de los años los ha ido repartiendo entre amigos y conocidos y en prácticamente todas las casas de la gente que conoce hay una porción de nubes convertidas en lo que sea decorando una pared.
Es lo único que ha dibujado en su vida, nubes o lo que saque de las nubes. Y esas dos semanas que tenía de vacaciones, pensaba irse a una cabañita en el monte, tumbarse al sol, y rellenar un cuaderno entero de dibujos.
Sin embargo, parece que no todo el mundo estaba de acuerdo con sus planes y que tenía a los cielos en contra. Ya llevaba casi una semana en ese monte y ni una sola nube se había dignado aparecer para inspirarle. Las musas etéreas le habían abandonado y el pánico a la hoja en blanco, o más bien al cielo en azul, empezaba a desesperarle. 
Un cielo azul y liso no le decía nada, no le creaba imágenes que pudiera plasmar. Sus lápices mermaban al mismo ritmo que sus uñas, y por la misma razón.
Comenzó la segunda semana sin una sola nube. La desesperación dejó paso al cabreo cuando le pareció que el cielo se burlaba de él desde las alturas. Soltó toda clase de improperios al aire y después de desahogarse miró hacia arriba desafiante pensando "¡No te necesito! ¡Te vas a enterar!"
Empezó a emborronar con rabia su cuaderno, casi sin ver lo que dibujaba, durante horas. Cuando se calmaron los ánimos cayó rendido en la cama y durmió hasta la mañana siguiente. Al despertarse, lo primero que vio fue el cuaderno tirado a los pies de la cama. Lo recogió con desgana, sin atreverse a mirar tras las cortinas si las nubes seguían sin aparecer. Pero los colores del cuaderno captaron su atención. Eran vivos, hermosos, emanaban energía y calidez. Le gustaron y sonrió.
Se instaló en el porche a seguir dibujando solo lo que salía de su cabeza, sin necesidad de copiar nada que hubiera fuera. Cuando se cansó y decidió dar un paseo, vio con sorpresa que volvía a haber nubes en el cielo. Pero sólo les hizo caso como a un componente más del paisaje. 
Ya no las necesitaba.


viernes, 14 de febrero de 2014

Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid...

...que ya tengo cortadas todas las telas, que es San Valentín y que he encontrado un editor de fotos online que hasta yo sé usar más o menos (parece sacado de Barrio Sésamo, como a mí me gusta que sea cualquier cosa de software)... ¡tachán!! Mirad que collage tan apropiado para la ocasión he montado para vosotros. 


Es la última vez que esos triangulitos multicolores de tela estarán apiñados en rebaño y separados unos de otros. A partir de ahora van a empezar a formar en hileras de a uno y a entrenarse para decorar el rincón que les escojáis.

Empiezo con la operación.

¡Feliz finde!

jueves, 13 de febrero de 2014

Resurrección

Algunos os estaréis preguntando: ¿dónde se ha metido esta chica? 
O puede que no. 
Pero me da lo mismo, os lo voy a explicar.

Como creo que ya dejé bastante claro en el último post, tenía un examen horripilante el viernes pasado. De esos que te dejan los ojos rojos, el cerebro como una centrifugadora y el ánimo por los suelos mientras estudias, y la cabeza aún dando las últimas vueltas y la mano hecha polvo (yo al menos ya no estoy acostumbrada a escribir hojas y hojas con boli) después de hacerlo.

Pero hay que buscarle la parte positiva a todo. Según sales del aula donde has pasado las dos últimas horas exprimiendo la esponja en la que se había convertido tu cerebro, te sientes ligera cual pajarillo, y con el viento que soplaba ese día poco me faltó para echar a volar. Crees que te ha salido bien (aunque ahora entres como de puntillas y temblando a mirar las notas cada dos por tres, cuando sabes perfectamente que la celeridad no es una de las virtudes de tus profes a la hora de corregir), estás contenta y... ¡es viernes!
Lo bueno de terminar los exámenes un viernes es que tienes todo el fin de semana ahí para celebrarlo con propiedad. 

Empieza la celebración post-examen. Cena de pintxos y potes con los amigos. Y esa vez dejas el coche en el garaje, que para algo te has mudado a la semicivilzación y puedes volver andando. Así que vas a vinos desde la primera ronda y culminas la noche con una copa bien puesta, charlando y riendo. Voy a confesar, me compré una carolina para rematar al llegar a casa, como autopremio por ser yo ^^



El sábado de nuevo cena con los amigos, esta vez sentados y con platos (cubiertos no, qué ya serían ganas de manchar a lo tonto y además era picoteo y hamburguesa) y despues... ¡fiesta! y más copas de las que puedo recordar.


Aquí empieza ya la resaca post-celebración, post-exámenes. Por suerte no fue grave y me dediqué a no hacer absolutamente nada en todo el día.

Vale, eso me da una coartada hasta el domingo. ¿Y desde entonces? Que estamos a jueves. ¿No decías que la resaca había sido leve?
Pue sí, también tengo excusa para eso, y es solo recuperación. Eliminar cualquier atisbo de apuntes que me recordara el examen lleva su tiempo. Y además tenía la máquina de coser aparcada en un rincón desde hacía tiempo y había que recuperar el tiempo perdido. Así que he estado corta que te corta y cose que te cose. 
El 21 de febrero me voy a Madrid a pasar el fin de semana y quiero llevar una remesa lo más surtida posible de guirnaldas de banderines para que se empiecen a vender como churros. Tengo el firme propósito de ¿abanderar? ¿abanderinear? ¿buntear? (tendré que acuñar alguna de esas) todas las casas y fiestas del país.


Y eso es todo por hoy, voy a seguir cosiendo.

Hasta x (también tengo el firme propósito de recuperar los posts diarios, veremos si lo consigo).

martes, 4 de febrero de 2014

Desvaríos


 Esto de estudiar es un rollo.


No siempre, claro. Pero la asignatura de la que me examino el viernes (he conseguido una prórroga de unos días) es una de las cosas más aburridas que he estudiado nunca. Y el aburrimiento me hace desvariar.
Lo peor es que no tendría porqué ser aburrida. Es más, el contenido de seis de los diez temas que entran tienen su punto de interés. Pero los grandes profesores que han redactado los apuntes, han conseguido retorcer y desvirtuar tanto el fondo de la cuestión que resulta soporífero leerlos. Casi les veo, reunidos en su departamento, apostando a ver quién es capaz de meter más palabras odiosas, y más frases subordinadas sin un solo punto, y a veces sin tan siquiera molestarse en añadir un verbo principal, en un párrafo.
Aunque no tienen nada que hacer frente al gran maestro que ha escrito los cuatro temas restantes de los que no he conseguido entender apenas nada. Alguna palabra suelta y poco más. Pero ideas coherentes, ninguna.
Hace ya unos cuantos años que aprendí a leer, y lo he practicado mucho. Considereba que mi comprensión lectora era de nivel de alto a muy alto. Pero me han hecho dudar. 
Por suerte, a pesar de estar estudiando a distancia, tenemos un maravilloso grupo en facebook en el que poder animarnos y desesperarnos juntos. Allí te das cuenta de que no eres la única. Que nadie entiende una palabra de lo que escribe ese señor, al que por cierto creo que dedicaré un cuento. Así que al menos dejas de sentirte estúpida y centras tus energías en odiar al equipo de docentes contra los que luchas.


Y después del desahogo...

Llevo ya unos añitos sin dedicarme al estudio a jornada completa, pero los hábitos adquiridos durante mi época universitaria siguen ahí, agazapados, esperando una noche de hincar codos para salir a la luz.
No me gusta el café y a mi novio tampoco. Por lo tanto, en casa no tenemos café. Pero siempre tomaba café para estudiar. Con mucha leche y mucha azúcar. A veces incluso un poco de canela o nuez moscada. Seguía sin gustarme, pero era una especie de ritual que mi cuerpo me ha recordado estos días. Casi lo podía oler y lo echaba de menos. Y eso que me sienta como un tiro. Misterios de los rituales, supongo.

La comida basura era otro de mis pilares en época de exámenes. Algo que sepa bien y se cocine solo y rápido. Y si además te permite seguir estudiando mientras te pseudoalimentas mejor que mejor. Con el café no cedí, pero con las pizzas precocinadas he caído. Supongo que el hecho de que las pizzas me gusten y el café no habrá tenido algo que ver.

Siempre he sido de hábitos nocturnos. Para todo. También para estudiar. Y así sigo. Ya puedo pasarme el día mirando los apuntes, que me distraigo con la pared en blanco y apenas soy consciente de lo que leo. Pero de repente, a eso de las dos de la mañana, algo dentro me hace clic, se me abren los ojos y la mente, y empiezo a absorver información cual esponjita sedienta.

Supongo que en su día tendría más rituales, pero esos eran los principales. Estoy cumpliendo dos de tres. No está mal.


El viernes termina la tortura y supongo que no me veréis por aquí hasta la semana que viene. A no ser que necesite soltar otra pataleta como la de ahora, jejeje

Sois una buena vía de escape :)
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